1.3 Despertar al piano durante la escuela secundaria

Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrantde Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE

Tomado de LU:NA ~Dakishime Nemuritai~

A lo largo de la traducción encontrarán algunas de estas cosas:

  • [Número] = Son notas o comentarios que la traductora (Saya) hizo. Estarán en cursivas y en este color.
  • [lit…] = Traducciones literales de algunas palabras. Estarán también en cursivas y en ese color.

3. Piano ni Mezameta Chuugakusei Jidai
[Despertar al piano durante la escuela secundaria]

Una vez que hube conseguido dejar de estudiar piano, ya ni siquiera me sentaba delante de uno. Me portaba mal a diario.

Cuando cumplí 14 años, me hice amigo de un chico en particular. Todos los chicos con los que me juntaba venían de diferentes entornos familiares, y había muchos de ellos de los que uno podría afirmar que no eran demasiado recomendables.

Sus familias no eran de fiar [lit.: salvajes], y ellos siempre estaban pensando en huir, en marcharse al mundo exterior. En realidad, nadie, aparte de aquellos chicos, se sentía así.

Pero él era el único que era diferente. Pensaba de un modo distinto en todos los aspectos. Aunque era travieso, no pensaba en huir. Y tenía sobradas razones. Antes de saberlo, descubrí que él me gustaba y empecé a pasar más tiempo en su compañía.

Un día, después de habernos fumado las clases, me dijo:

-¿Por qué no vamos a mi casa? Mis padres no están.

Antes de ese día, yo no había estado jamás en su casa, porque él no hacía más que repetir que sus padres eran muy estrictos. Yo ni siquiera sabía en qué clase de vecindario estaba su casa.

La primera vez que entré en su casa, descubrí que era una mansión. La puerta era imponente, y era la primera vez que yo iba a presentarme ante una familia tan acaudalada. Me di cuenta al llegar allí. Yo no quería enseñarle mi casa a nadie. Pero ir allí con un compañero era algo muy diferente.

Entramos a la casa desde el jardín, y en la sala que se abrió ante nosotros había un piano de cola. Este piano era mucho más grande que el que había en el aula de música del colegio.

-¿De quién es? –pregunté sin pensar.

Y él dijo, con indiferencia:

-Mío.

-¡Embustero!

-No, es verdad.

Y, diciendo esto, levantó suavemente la tapa del piano y, sin previo aviso, comenzó a tocar.

No podía creerlo. ¡Mi compañero, con quien me dedicaba a hacer gamberradas, estaba tocando el piano! Y no sólo eso, sino que era realmente bueno.

-Mis padres son profesores de música, así que, desde pequeño, me han hecho aprender piano –dijo. Y entonces, decidí ser franco con él.

-Si te digo la verdad, yo también toco el piano.

Y entonces, traté de demostrárselo.

Sin embargo, mi nivel de interpretación no era nada excepcional. Aunque sabía que su educación y la mía habían sido similares, su habilidad me sobrepasaba con creces. Mi nivel no era digno ni de mencionarse.

Dejé el piano a los 11 años y había pasado tres sin que me importara. ¿Por qué ahora era diferente? Estaba alardeando de las diferencias que había entre nosotros. Me sentí herido.

Sentí cómo aumentaba mi determinación de no perder ante él.

Odio perder.

Corría a la tienda de música y busqué toda clase de obras para piano. Partituras para piano. Estaban divididas por grado y categoría.

La pieza que mi amigo había tocado para mí era de un grado muy alto y difícil, entre el D y el E. Para superarle, tendría que tocar algo del nivel A o B. Incluso el C estaba fuera de cuestión. Compré todas las partituras que tuvieran un nivel de dificultad por encima del E y me fui a casa. A partir de ese día, empecé a practicar piano como un loco.

No quería perder. Eso era todo. No era porque hubiera empezado a gustarme el piano. Ni siquiera iba al colegio; sólo practicaba. Practicaba tanto que ni siquiera dormía.

Me sumergí tanto en mis prácticas de piano que mis padres pensaron que aquella inspiración repentina era algo increíblemente extraño y, cuando en el pasado, me habían dicho que practicara, ahora me gritaban “¡Para de una vez!”

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